Por Martín Wolburg
En su reunión del 11 de junio, es muy probable que el BCE aumente sus tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos, en consonancia con su reciente comunicación agresiva. Más allá de esa fecha, las perspectivas de política monetaria se vuelven más complejas, ya que el Consejo de Gobierno debe equilibrar una inflación persistentemente alta con un debilitamiento de la actividad económica.
La inflación está aumentando, las expectativas inflacionarias se han recuperado ligeramente y la caída de las tasas de interés reales justifica mantener una postura restrictiva. Al mismo tiempo, el crecimiento se está desacelerando, las condiciones crediticias se han endurecido y todavía hay pruebas limitadas de efectos generalizados de segunda ronda sobre los salarios. Además, la política monetaria no puede abordar las causas profundas de un shock de oferta.
Por lo tanto, la subida de tipos de junio serviría principalmente para preservar la credibilidad antiinflacionaria del BCE y ayudaría a anclar las expectativas. Sin embargo, dado que las esperanzas de un acuerdo de paz en el conflicto de Irán se están desvaneciendo una vez más y los riesgos de estanflación siguen siendo altos, es probable que la presidenta Lagarde quiera mantener la puerta abierta a nuevos aumentos si es necesario.