La temporada de declaración de la Renta ha comenzado sin ajustar por inflación (deflactando tramos impositivos), lo que se traduce en pagar un 25% más que en 2018.
Los impuestos directos –Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) e Impuesto sobre el Patrimonio– que pagan las familias en España han aumentado un 56,3% desde 2018. Esto equivale a un aumento del 31,1% en términos reales (después de eliminar el efecto de la inflación). En consecuencia, cada hogar paga 1.657 euros más que hace seis años, un aumento del 25% una vez descontados los aumentos de precios.
“El esfuerzo fiscal directo ha pasado del 13,6% al 15,9% de la renta bruta disponible”, explica el Instituto Juan de Mariana en su “Tax-Medidor 2026” (Impestómetro 2026), publicado este miércoles, que tiene en cuenta la evolución del número de hogares. El documento precisa que, durante este período, el mayor aumento se produjo en 2021 y 2022, coincidiendo con el pico de inflación: los precios subieron en promedio un 3,1% y un 8,4%, respectivamente, en esos años.
Este fenómeno se conoce como “bracket creep” (o “progresividad en frío”): el impacto de la inflación sobre los ingresos del IRPF. Provoca que cualquier trabajador que recibió un aumento salarial para compensar la inflación acabe pagando más al tesoro porque el gobierno decidió no adaptar los tramos impositivos. Si el gobierno los hubiera ajustado, cada persona habría pagado 682 euros menos.
La falta de ajuste de tramos, que la oposición española ha exigido repetidamente, “ha actuado como un aumento silencioso de impuestos”, generando 27.600 millones de euros adicionales en ingresos solo entre 2019 y 2023, según el informe. Sus autores, Diego Sánchez de la Cruz y Santiago Calvo, subrayan que no “deflactar” el IRPF es altamente regresivo, ya que perjudica especialmente a las personas de bajos ingresos.
En concreto, un trabajador que gana un salario bruto de 18.000 euros paga hoy 980 euros en IRPF, según el informe, casi “el triple” de lo que pagaba en 2018. Mientras tanto, alguien que gana 75.000 euros brutos ha visto crecer su factura de impuestos de 20.243 euros a 22.697 euros, un aumento del 12%.